Pablo, ese es mi nombre. Tengo 33
años y siempre me ha gustado ayudar a la gente como siempre había soñado con
colaborar en una ONG, hace unos años que alisté de cooperante en Médicos del Mundo.
Ahora mismo acabamos de llegar a Filipinas ya que, hace un mes aproximadamente,
se produjo un tsunami.
El agua aún me llega a los tobillos, y está tan sucia de tierra y trozos de paredes de casas derrumbadas que si se te cae algún objeto pequeño, es casi imposible verlo. También, en lo primero que te fijas cuando llegas, es en el mal olor que desprende el agua. En la costa, pocos edificios siguen en pie. La mayoría ya no existen, pero quedan algunos que aún tienen las vigas y alguna pared. A consecuencia del desastre, la gente que no ha muerto tiene que dormir en la calle, y acaban enfermando. Además los hospitales ya están llenos y no se puede atender a todos. Hay personas ingresadas en el hospital durmiendo en el suelo.
Nunca me había encontrado en una
circunstancia semejante. La situación es pésima y preocupante. Va de mal en
peor. Este país necesita más hospitales y más médicos, más medicamentos y más
comida, ya que también hay muchos que se están muriendo de hambre. Si no
queremos que enferme más gente y, consiguientemente, se mueran, necesitamos una
solución lo más pronto posible.

