Aún lo
recuerdo a la perfección. Como si fuera ayer. ¿Cómo no iba a recordar-lo? Si
fue el mejor regalo que me han podido regalar. I con diferencia. Recuerdo cuando esa enfermera tan
simpática me estaba llevando a lo que sería entonces mi habitación. Mientras
tiraba de la camilla, me daba conversación. No tenía muchas ganas de hablar,
pero ¿qué iba a hacer? La chica me hablaba muy agradablemente, y tampoco era
para decirle que se callara. Cuando llegamos al piso 5, nos dirigíamos a la
habitación 507. Entramos, i en lo primero que me fijé fue en el frio que hacía.
La señora dijo:
-Mira señor, ya tiene su vecino aquí esperándole!
Yo en
ese momento no dije nada, ni mi compañero tampoco. El primer día, no hablamos.
Pero el segundo día, quise arrancar la conversación.
-Como se
llama?
-Juan, y usted?
-Yo me llamo Pedro, estoy aquí porque me
deben de operar del estomago.
-A mí me van a operar del
corazón.
-A usted también le han puesto tantas de estas?- me dijo moviendo el
brazo, queriendo referirse a os brazaletes.
-Perdone señor que le pregunte, a que se refiere? es que creo que me he
dejado un pequeño detalle, yo soy ciego.
-Perdone señor! Lo siento mucho, yo no quería…
-No pasa nada hombre! Lo soy
desde que nací.
Y así empezamos a
hablar y hablar sin parar hasta que se hizo tarde. Seguíamos hablando cada día
y nos contábamos la vida. Descubrimos muchas cosas el uno del otro. Reíamos
mucho, nos lo pasábamos bien. Habíamos descubierto que los dos nos gustaba la
poesía… También, cuando no sabíamos de que hablar, me contaba lo que pasaba en
el parque que se veía desde la ventana de nuestra habitación. Un día me conto
que había un chico y una chica que pasaban todos los días a la misma hora por
ese parque. Que parecían muy enamorados los dos. Iban cogidos de la mano. Al día
siguiente me contó que el chico había cogido una flor de color morado del
parque, que se puso la mano en el bolsillo, y sacó un anillo precioso que se lo
ofreció junto a la flor a la chica. Por muy bonito que fuera, la chica no lo
quiso. Me dijo que ella tiró el anillo y la flor al suelo, y se fue llorando.
El chico destrozado, llorando también, cogió el anillo, y se fue, dejando la
flor morada en medio del parque.
Vinieron
a buscar a mi amigo. Lo iban a llevar a su operación, así que le deseé lo
mejor, y se lo llevaron. Yo sabía que era una operación complicada por lo que
me había contado, pero no sé porque, estaba convencido de que a la mañana
siguiente ya estaría al lado de mi camilla.
Al mediodía siguiente, me acababan de
llevar la comida, y aún preocupado por mi amigo, oí un ruido, como el de que
alguien entraba en la habitación.
–Juan?- pregunté. –El no superó la operación.-me
dijo una enfermera que vino a recoger la habitación. En ese momento, me quede patidifuso.
Estuve unos momentos vacilando. I en ese momento, recordé que a esa hora, mi
amigo miraba por la ventana.
–Perdone señorita, que podría decirme
que ve por la ventana?
Oí que la señora subía la cortinita, y tardó bastante en
responderme.
–Señor,
detrás de la ventana…no hay nada, solo una pared.
Ahora ya han pasado
treinta años, y me doy cuenta de que la vida no es lo que uno vivió, sino lo
que recuerda, y cómo la recuerda ara contarla.
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