dilluns, 25 d’agost del 2014

DETRAS DE UNA VENTANA

Aún lo recuerdo a la perfección. Como si fuera ayer. ¿Cómo no iba a recordar-lo? Si fue el mejor regalo que me han podido regalar. I con diferencia. Recuerdo cuando esa enfermera tan simpática me estaba llevando a lo que sería entonces mi habitación. Mientras tiraba de la camilla, me daba conversación. No tenía muchas ganas de hablar, pero ¿qué iba a hacer? La chica me hablaba muy agradablemente, y tampoco era para decirle que se callara. Cuando llegamos al piso 5, nos dirigíamos a la habitación 507. Entramos, i en lo primero que me fijé fue en el frio que hacía. La señora dijo:                 
-Mira señor, ya tiene su vecino aquí esperándole!                 
Yo en ese momento no dije nada, ni mi compañero tampoco. El primer día, no hablamos. Pero el segundo día, quise arrancar la conversación.                   
-Como se llama?                                                                                       
-Juan, y usted?                                                                                                   -Yo me llamo Pedro, estoy aquí porque me deben de operar del estomago.                       
-A mí me van a operar del corazón.
-A usted también le han puesto tantas de estas?- me dijo moviendo el brazo, queriendo referirse a os brazaletes.                                                                                                     
-Perdone señor que le pregunte, a que se refiere? es que creo que me he dejado un pequeño detalle, yo soy ciego.                                                          
-Perdone señor! Lo siento mucho, yo no quería…                                                      
-No pasa nada hombre! Lo soy desde que nací.                                    
Y así empezamos a hablar y hablar sin parar hasta que se hizo tarde. Seguíamos hablando cada día y nos contábamos la vida. Descubrimos muchas cosas el uno del otro. Reíamos mucho, nos lo pasábamos bien. Habíamos descubierto que los dos nos gustaba la poesía… También, cuando no sabíamos de que hablar, me contaba lo que pasaba en el parque que se veía desde la ventana de nuestra habitación. Un día me conto que había un chico y una chica que pasaban todos los días a la misma hora por ese parque. Que parecían muy enamorados los dos. Iban cogidos de la mano. Al día siguiente me contó que el chico había cogido una flor de color morado del parque, que se puso la mano en el bolsillo, y sacó un anillo precioso que se lo ofreció junto a la flor a la chica. Por muy bonito que fuera, la chica no lo quiso. Me dijo que ella tiró el anillo y la flor al suelo, y se fue llorando. El chico destrozado, llorando también, cogió el anillo, y se fue, dejando la flor morada en medio del parque.
Vinieron a buscar a mi amigo. Lo iban a llevar a su operación, así que le deseé lo mejor, y se lo llevaron. Yo sabía que era una operación complicada por lo que me había contado, pero no sé porque, estaba convencido de que a la mañana siguiente ya estaría al lado de mi camilla.                                                    
Al mediodía siguiente, me acababan de llevar la comida, y aún preocupado por mi amigo, oí un ruido, como el de que alguien entraba en la habitación.                
–Juan?- pregunté.                                                                                               –El no superó la operación.-me dijo una enfermera que vino a recoger la habitación.      En ese momento, me quede patidifuso. Estuve unos momentos vacilando. I en ese momento, recordé que a esa hora, mi amigo miraba por la ventana.             
–Perdone señorita, que podría decirme que ve por la ventana?                        
Oí que la señora subía la cortinita, y tardó bastante en responderme.                                     
–Señor, detrás de la ventana…no hay nada, solo una pared.                                     
Ahora ya han pasado treinta años, y me doy cuenta de que la vida no es lo que uno vivió, sino lo que recuerda, y cómo la recuerda ara contarla.

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