Mi
nombre es Sinhué. Tengo 23 años. Soy un chico proveniente de Egipto, ahora
resido en España, desde hace ya casi tres meses. Sí, me he refugiado en un país
que no es el mío. Fue una decisión difícil, pero tuve valor y tiré adelante.
Es
más, yo creo que las personas somos todos ciudadanos de un lugar llamado mundo,
y todos tenemos sitio en cualquier parte de él.
Mi
familia, mis amigos, mi casa, mis
estudios, mis pertenencias… Todo lo he dejado en aquel desagradable lugar del mundo.
En aquel lugar donde llevaba toda la
vida, y hasta ahora no me he atrevido a huir. No sé a qué estaba esperando, la
verdad. Quizá tenía la esperanza de que las cosas mejoraran. A que lo malo se
convirtiese en bueno. O quizá tenía miedo. Miedo a refugiarme en otro país. A
que me miraran mal, a que me tratasen mal, a que me discriminasen por ser de
otro sitio. Pero también, miedo a que mi futuro fuera desagradable. Miedo a no
tener futuro. Y luego pensé en ese refrán: “Si no arriesgas no ganas”. Y el
miedo a huir se convirtió en ganas de hacerlo. Y me empecé a dar igual si me
miraban mal o hablaban de mí, yo solo quería un futuro digno. Un futuro que no
hubiese tenido si me hubiese quedado en aquel país.
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